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1 de noviembre de 2009

La Nación

La mejor tradición lírica con Verdi

Juventus Lyrica cerró un gran año con una propuesta repleta de hallazgos

era La Traviata. De Verdi. Elenco: Soledad de la Rosa (Violeta) Santiago Bürgi (Alfredo), Enrique Gibert Mella (Germont), Eugenia Fuente (Flora). Puesta escénica: Ana D´Anna. Director de orquesta: Antonio María Russo. Juventus Lyrica. Teatro Avenida (Nuevas funciones, hoy, a las 17.30 y el jueves, viernes y sábado, a las 20.30).
Nuestra opinión: Excelente

La consagrada soprano Soledad de la Rosa fue, en la versión ofrecida por Juventus Lyrica, una intérprete exquisita desde el punto de vista vocal del complejo personaje de Violeta, que implica afrontar en cada acto caracteres dramáticos diferentes en una sucesión que va desde la frivolidad (soprano de agilidad) a la dramática (soprano spinto), pasando por la realidad de una mujer frágil y a la deriva (soprano lírica). Ella, por otra parte, con esa sinceridad y franqueza que la distingue, hizo gala de la belleza de su voz y la infalibilidad de su afinación, don que proviene de un oído absoluto.

Lógicamente que, para el logro de estas variables del personaje central y la concreción de una versión jerarquizada, tuvo relevancia la faz musical de Antonio María Russo por el logro de amalgama entre orquesta y cantantes, la aplicación sutil de una expresión cálida y refinada en el discurso musical, con la evidencia auditiva de haber llevado a cabo un trabajo de preparación meticuloso que apuntó a no permitir en ningún pasaje una interpretación vulgar o aparatosa.

El tenor Santiago Bürgi como Alfredo, acaso la figura central que hizo honor a los postulados de la institución ?esto es promover a los jóvenes valores para que adquieran experiencia?, cumplió su cometido con solvencia en la faz actoral y dando ejemplo de poseer musicalidad, segura entonación, voz de grato color y de volumen que destaca el decir con refinamiento y delicadeza.

Por su parte, el barítono Enrique Gibert Mella fue un Germont de lujo, no sólo por su experiencia, sino por la idoneidad de su canto, la nobleza de su entrega para afrontar sin reticencias las exigencias de un autor que a los barítonos les legó una interminable serie de momentos vocales que forman un corpus de exquisita inspiración dentro del repertorio italiano. Fue admirable su versión de la siempre comprometida "Di Provenza il mar..." e impecable en los dúos y concertantes. En una palabra, la ratificación de méritos de una figura que forma parte del ramillete más destacado del arte lírico nacional.

Un detalle significativo lo aportó María Eugenia Caretti, encarnando al personaje episódico de Annina, simplemente porque pocas veces como en este caso, se observó y escuchó un trabajo de actriz de tanta naturalidad y emotividad. Claro está que la Flora de Eugenia Fuente y los personajes de flanco destacaron por su sobriedad y buena presencia escénica. Del mismo modo el coro preparado por Miguel Pesce fue muy efectivo y los bailarines en las pinceladas de danzas, flexibles y desenvueltos.

Desde el punto de vista teatral, Anna D'Anna logró una sugerente ambientación en cada uno de las escenas, no sólo por el acertado diseño y la muy buena utilización de la iluminación, sino también por el magnífico vestuario diseñado por María Jaunarena y lo cuidado del maquillaje y los peinados. En definitiva, un espectáculo que ha de quedar para el recuerdo de la actual temporada, que además, por el lleno total de la sala y el entusiasmo del público, sirvió para reafirmar la vigencia y triunfo de la ópera y la justicia del Premio ACE recibido recientemente por la entidad.

Juan Carlos Montero

19 de Abril de 2009

La Nación

Don Pasquale, en una lucida versión

El trabajo de Antonio María Russo fue fundamental en el buen resultado de la propuesta de Juventus Lyrica

Don Pasquale de G.Donizetti. Con: Eleonora Sancho, Alberto Jáuregui Lorda, Fabián Veloz, Santiago Burgi, Juan Suárez Christiansen. Director de coro: M. Pesce. Escenografía: R. Bongiorno. Vestuario: M. Zuccheri. Iluminación: E. Sirlin. Régie: O. Barney Finn. Dirección musical: A. M. Russo. Juventus Lyrica. Teatro Avenida

Nuestra opinión: muy bueno

Don Pasquale es una de las obras consideradas cumbre de la ópera buffa italiana. Su libreto equilibra de modo muy singular los rasgos cómicos con los serios o sentimentales. Por su parte la música es burbujeante, delicada y de una riqueza rítmica insólita, comparada con otras partituras del compositor, quien fue proclive a abusar con reiteración de determinadas pautas métricas. En este sentido desde la muy bien escrita obertura -basada en los temas principales cantados- hasta el rondó de cierre, la partitura refleja una constante inspiración melódica, acaso el elemento esencial que la mantiene en el conjunto de títulos del considerado gran repertorio lírico o popular.

En la versión ofrecida, el aspecto mejor tratado fue, precisamente, la faz musical. Ya a partir de la obertura quedó certificada una sabia conducción de Antonio María Russo y la realidad sonora de un conjunto orquestal, conformado por instrumentistas consustanciados con el repertorio lírico, esto es, con la cuota de sabiduría para escuchar el palco escénico y producir la sonoridad justa para el logro del equilibrio y el lucimiento de las voces del escenario. Fue excelente el solo de trompeta de Fernando Ciancio. Muy bien el coro preparado por Miguel Pesce, con integrantes que además no rehúsan la labor actoral.

En cuanto al cuadro de cantantes, la soprano Eleonora Sancho -encarnando a Norina- fue quien alcanzó el mejor rendimiento a partir de una voz cristalina y de una afinación perfecta, reeditando acaso con mayor desenvoltura su versión del mismo personaje en La Plata. Por su parte, el barítono Fabián Veloz (Doctor Malatesta), se lució en el canto, dejando percibir buen fraseo, musicalidad, clara articulación de la palabra y buena sonoridad vocal. Completando el cuarteto protagónico, Alberto Jáuregui Lorda, en el personaje de Pasquale, y el tenor Santiago Burgi, como Ernesto, consumaron su cometido con discreción en la faz vocal.

Desde el aspecto visual la escena y la caracterización fue la mayor debilidad. La marcación actoral quedó a criterio de cada cantante con el riesgo que ello provoca. No fue acertada la ambientación y fuera de lugar la creación de personajes inexistentes en la mente del compositor. El vestuario fue muy bueno, de adecuado colorido y diseño. El público tributó un buen aplauso porque el objetivo de pasar un buen momento como para evadirse del trajinar cotidiano se había logrado con creces, en especial, porque la música de Gaetano Donizetti se escuchó en una excelente versión que se repetirá esta tarde, a las 17.30; el jueves y el sábado, a las 20.30.

Juan Carlos Montero

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20 de Abril de 2009

Clarin

CRITICA - DON PASQUALE, POR JUVENTUS LYRICA

Ligera y diáfana

El primer título de la temporada contó con una equilibrada puesta en escena de Oscar Barney Finn

Con una producción tan ligera como diáfana de Don Pasquale de Donizetti, la asociación Juventus Lyrica presentó el primer título de la temporada luego de la gala celebrada en marzo con motivo de su décimo aniversario.

El equilibrio domina la escena. La decrepitud y obcecación del protagonista se esboza en detalles: en el patio de la casa luminoso y limpio, el gris rígido de la piedra contrasta con la vivaz vegetación y con la perspectiva aérea de una ciudad renacentista que, en sepia, se alza desde una colina. En la pulcritud de esa casa y en la visión de Don Pasquale no hay resto de melancolía.

Muy bien sostenida por la escenografía de Raúl Bongiorno, la iluminación de Eli Sirlin y el vestuario de Mini Zuccheri, la equilibrada puesta de Oscar Barney Finn logra concentrarse en la comicidad del libreto y en el potencial lírico de la partitura sin intentar lidiar con posibles claroscuros que sugiere la historia. Si en la vejez de este Don Pasquale no hay real amargura, tampoco hay mucho más que una blanca picardía en los Norina, Malatesta y Ernesto de esta versión.

La voz cristalina e infatigable de la soprano Eleonora Sancho y la soltura de su actuación visten perfectamente la personalidad cándida y traviesa de Norina. En cambio, el tenor Santiago Bürgi (que reemplazó a Carlos Ullán en el estreno), no corrió con la misma suerte; su timbre dulce y su buena veta actoral necesitaron tiempo para afianzarse y regalar un precioso y delicado Com' è gentil. También el tiempo ayudó a que el Don Pasquale encarnado por el barítono Alberto Jauregui Lorda se encontrara con lo mejor de su histrionismo.

El barítono Fabián Veloz, en el rol de Dr. Malatesta, mostró buen caudal de voz y exacta afinación, sin embargo su técnica se resintió en los pasajes que requieren agilidad. La orquesta dirigida por Antonio Maria Russo y el coro preparado por Miguel Pesce, tuvieron una irreprochable actuación

Sandra de la Fuente

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15 de Marzo de 2009

La Nación

Brillante apertura de Juventus Lyrica

La asociación musical celebró, con una original propuesta, sus 10 años de labor en apoyo a la ópera


Gran gala 10 años de Juventus Lyrica.
Orquesta de cámara. Dirección musical: Antonio María Russo. Preparación y dirección escénica: Ana D´Anna. Maestros internos: Gerardo Delgado, Guillermo Salgado, César Tello y Sergio Ratti. Selección de vestuario: María Jaunarena. Peinados: Ricardo Fasán. Organizado por Juventus Lyrica. Teatro Avenida. Nueva función: hoy, a las 17.30.

Nuestra opinión: excelente


La apertura de la temporada musical de Buenos Aires no pudo ser más propicia y brillante, no sólo por la original propuesta, sino también por el alto nivel artístico alcanzado por los músicos y cantantes convocados. En primer término cabe mencionar que la idea de montar un programa con trozos de óperas ofrecidos con una pequeña orquesta en el escenario -donde además se lucieron ricos vestuarios, prolija caracterización de personajes, cambiante iluminación y acción actoral- constituyó una verdadera novedad (se desconoce si en otras latitudes alguna vez se concretó algo parecido). Así se gestó un espectáculo sumamente atractivo, donde la magia del teatro musical estuvo presente con toda su seducción.


Además, cabe reflexionar que a través de la propuesta fue posible escuchar a un numeroso conjunto de cantantes de todos los registros -aunque en realidad fueron sólo dieciséis de la enorme cantidad de artistas líricos que existen en el país-. Esto vino a demostrar con absoluta contundencia una realidad que exige mayor atención por parte de los gobiernos de toda la República, porque salta a la vista que la vastedad de nuestro país y la cantidad de teatros inactivos en varios provincias es una omisión cultural grave que debería ser asumida de modo urgente por la dirigencia política.


El programa del primer acto estuvo dedicado a Mozart con cuatro de sus títulos emblemáticos, Così fan tutte, Don Giovanni, La flauta mágica y Las b odas de Fígaro, y a uno, El barbero de Sevilla , de Rossini, oportunidad en la que las voces de Lucas Debevec Mayer, Soledad de la Rosa, Sonia Stelman, Lara Mauro, Fabián Veloz, Carlos Ullán, Laura Penchi, Marcela Sotelano, Laura Polverini, Cecilia Pastawski, Sebastián Angulegui, Santiago Burgi y Leandro Sosa cantaron arias y conjuntos en perfecto estilo.

Secretos


Pero estar en estilo -la mayor virtud de esta primera parte- se logró gracias a la sabiduría de Antonio María Russo, que inculcó desde su habitual y soberbia labor pedagógica todos los secretos del arte musical mozartiano: refinamiento, elegancia, encanto en las líneas melódicas, amalgama de las voces con la orquesta. Esto último, un credo en el mundo de la ópera del compositor que por estas razones se escuchó en toda su pureza y encanto. Como el conjunto instrumental cumplió su labor con decoro, el resultado artístico de la primera parte fue óptimo.


La segunda parte del espectáculo sumó a tres cantantes que se desempeñaron con igual corrección, María Luján Mirabelli, Fernando Grassi y Norberto Fernández. La diversidad de autores y estilos (Donizetti, Verdi, Gounod, Puccini, Bizet, Lehar, Wagner y Offenbach) provocó una mayor complejidad para acertar con cada estilo musical, razón por la cual la excelente labor del concertador musical y la originalidad y sencillez de la puesta de Ana D´Anna fueron decisivas en este aspecto ya que cada momento fue una verdadera pincelada de muy hermosa estética y plasticidad.


Como para el final se incluyó la gran escena concertante de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, aquel personaje que cuando se lo evoca hace soñar, sonreír, cantar y olvidar todos los males, el público se manifestó con una alegría contagiosa muy difícil de describir en palabras.


Como era de esperar se cantó el Feliz cumpleaños por los diez años de la institución, única en el país y tal vez en el mundo, que con sus temporadas enriquece la formación de los jóvenes cantantes líricos. Homenaje que con seguridad ha de repetirse en cada una de las próximas funciones.


Juan Carlos Montero

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17 de Marzo de 2009

Ámbito Financiero

Juventus Lyrica tiene razones para celebrar

Por: Eduardo Giorello

«Gran Gala 10° Aniversario de Juventus Lyrica». Dir. mus.: A. M. Russo. Dir. esc.: A. D'Ánna. Fragmentos de Mozart, Rossini, Donizetti, Verdi, Gounod, Puccini, J. Strauss (h), Bizet, Wagner y Offenbach. Orquesta de cámara y coro. (Teatro Avenida. Repite: 19 y 21/3.

Juventus Lyrica abrió la temporada 2009 con una «Gala» de celebración por el décimo aniversario de su creación. Hay mucho para festejar de estos diez años en que esta institución independiente conquistó con la calidad de sus producciones a un amplio sector del público. Todas debieron su realización, a veces óptima y otras esforzada y digna, pero nunca desechable, a un staff amplio de directores de orquesta, coro, escenográfos, vestuaristas y régisseurs de indudables méritos. Un eje fundamental de estas realizaciones es precisamente la juventud de los intérpretes convocados, muchos de los cuales hicieron sus primeros pasos en la Juventus. En ocasiones, también se convocó a grandes figuras de la lírica argentina a compartir ese espacio con los más jóvenes, sirviéndoles de guía.

Descontada la trascendencia de este emprendimiento del llamado «off» operístico, Juventus igualmente tuvo el mérito de generar nuevos proyectos, como Buenos Aires Lírical.

La Gala 10° Aniversario es un compendio de mucho de lo realizado en estos diez años. Mozart y Rossini en la primera parte se equilibraron con la miscelánea de la segunda, que incluyó fragmentos de obras de Donizetti, Verdi, Puccini, Johann Strauss (h), Gounod, Bizet y Offenbach, y un Wagner, a quien si bien Juventus nunca lo abordó, no podía faltar en una selección lírica del siglo XIX.

Sería injusto dejar de nombrar a algún cantante del programa, por la excelencia de voces y labor artística de cada uno de ellos. Los consagrados de la institución como Norberto Fernández, Soledad de la Rosa, Lucas Debevec Mayer, Lara Mauro, Carlos Ullán, Fernando Grassi, María Luján Mirabelli y Sonia Stelman con los más recientes Sebastián Angulegui, Santiago Burgi, Cecilia Pastawski, Laura Penchi, Laura Polverini, Leandro Sosa, Marcela Sotelano y Fabián Veloz configuran un staff de lujo.

Exquisita la puesta en escena, que trabajó con acotados elementos escénicos corpóreos pero con gran preeminencia de las luces y de la preparación teatral que sabe imponer a sus artistas Ana D'Anna. Ella y Antonio Russo con su precisión musical y su óptima preparación de cantantes solistas y coro volvieron a ser los dos faros de Juventus en una muy buena noche de música.

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Fiel al espíritu musical de Rossini

En "El Barbero de Sevilla", de Juventus Lyrica, brilló la versión de Antonio Russo

Opera bufa en dos actos de Gioacchino Rossini. Libreto de Cesare Sterbini, basado en la comedia de Beaumarchais. Edición crítica de Alberto Zedda. Elenco: Laura Polverini (Rosina), Cecilia Aguirre Paz (Berta), Sebastián Sorarrain (Fígaro), Duilio Smiriglia (Almaviva), Fernando Santiago (Don Bártolo), Mario De Salvo (Don Basilio), Santiago Tiscornia (Fiorello), Juan José Ingelemo (Ambrogio), Leonardo Menna (Oficial). Coro preparado por Miguel Pesce. Coreografía: Mercedes Díaz Pernas. Escenografía: Juan José Cambre. Iluminación: Gonzalo Córdova. Orquesta con miembros de la Estable del Teatro Colón. Director concertador: Antonio María Russo. Régie: Horacio Pigozzi. Juventus Lyrica.
Nuestra opinión: Muy buena

Con la sonoridad de la orquesta en la ejecución de la famosa obertura de Rossini, ya se tuvo la sensación inmediata de que la batuta de Antonio María Russo sería la garantía de una versión de gran jerarquía, en razón del acierto en el encuadre estilístico y el valor de la versión crítica elaborada por Alberto Zedda utilizada en esta exhumación de una de las más populares creaciones del repertorio lírico.

Cuando se escuchó la voz bien timbrada de Santiago Tiscornia en el personaje de Fiorello, se recordaron los postulados de Juventus Lyrica referentes a ofrecer oportunidades a los jóvenes para adquirir experiencia frente al público. Por ese motivo, sus aportes son beneméritos.

Al escuchar al tenor Duilio Smiriglia en el rol casi igualmente protagónico de Almaviva, se percibieron condiciones artísticas sobresalientes: musicalidad, refinado fraseo, perfecto sonido vocal de tenore di grazia, pero ligero. Sin embargo, también se apreció a un cantante que posee además de buen fraseo, una zona central más poderosa de lo habitual, que hace vislumbrar una carrera artística de mérito, según el ritmo de la experiencia.

Y cuando se escuchó y se observaron las condiciones histriónicas de Laura Polverini, que encarnó a Rosina, se valoró a una cantante musical y refinada en el fraseo, así como dotada de desenvoltura para crear el personaje. Resultó una maravilla de buen teatro la forma de interpretar la metamorfosis de una jovencita apocada e inocentona al de una mujer sexual, de carácter fuerte y empecinada en lograr lo que desea. De ahí que a lo largo de toda la representación fuera la figura más atractiva y bien delineada de toda la idea del régisseur, la hermosa especialidad del arte de administrar los recursos visuales de un espectáculo de teatro cantado.

Sebastián Sorarrain, sobrio cantante y muy buen actor, que desde hace tiempo demuestra la bondad de su condición artística y la eficiencia conque prepara cada personaje que se le encomienda, fue un Fígaro realmente desnaturalizado por la propuesta visual como resultado de la poco grata caracterización y diseño de su vestuario. Más que un barbero de Sevilla, nos pareció un Papageno mozartiano. Desde el punto de vista vocal, tuvo tino e inteligencia para no exceder sus naturales condiciones de sonoridad.

Don Bártolo, personaje central del género cómico, fue delineado alejado de la tradición, y perdió de ese modo la posibilidad de la gracia con la sola presencia. Sin embargo, es justo reconocerle a Fernando Santiago el esfuerzo de un accionar desenvuelto y un decir con énfasis para no olvidar el pasado. De modo similar aconteció con el profesor de música encarnado por Mario De Salvo. Ambos no fueron religiosos. Berta, a cargo de Cecilia Aguirre Paz, cantó su aria con corrección.

La visión creada por el escenógrafo Juan José Cambre fue sintética y en concordancia con la recreación y cambio de época que con tanto ahínco se empeñan en ofrecer los puestistas de nuestro tiempo en el terreno de la ópera, justamente un espectáculo en el que los propios compositores intervinieron en su génesis global al supervisar con su presencia el montaje de las representaciones. La régie de Horacio Pigozzi demostró una vez más las virtudes de un hombre de teatro experto y creativo. El vestuario de la destacada Mina Zuccheri no fue esta vez tan feliz.

Disfrute

En cambio sí -éste fue un valor fundamental- se plasmó una versión musical superlativa, tal como se había presentido con la audición de la obertura, gracias al acierto y a las enseñanzas de Antonio María Russo. La enorme trascendencia de este detalle, con la suma del buen rendimiento de la orquesta y del coro preparado por Miguel Pesce y la excelencia del comentario firmado por Margarita Pollini fueron los factores por el cuales el público encontró felicidad; la música de Rossini quedó como la mejor protagonista y El barbero... seguirá siendo la más divulgada partitura del actual siglo y de los próximos.

Juan Carlos Montero

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31 de Mayo de 2008

La Nación

Radiante versión de una valiosa obra de Haendel

Oratorio histórico Judas Maccabeus de Geroge Friedrich Haendel (1685-1759). Interpretes: Coro y Orquesta Lagun Onak, preparado por Miguel Angel Pesce. Solistas: Soledad de la Rosa (soprano), Carolina Gauna (contralto), Santiago Bürgi (tenor) y Hernán Iturralde (bajo-barítono). Director: Antonio María Russo. Organizado por la Asociación Coral Lagun Onak. Auditorio de Belgrano. Nueva función: mañana, a las 16, en la Catedral del San Isidro. Gratis.

Nuestra opinión: Muy bueno

Se conserva aún el recuerdo de una versión del oratorio Judas Maccabeus ofrecido en el Teatro Colón con la dirección de un especialista, Wilhelm Bruckner-Ruggeberg, que hizo una brillante carrera en Alemania dedicada a obras corales y sinfónico corales y que aquella ponderada Asociación Wagneriana de Buenos Aires organizó para varias de sus temporadas, porque el maestro sumó en varias visitas posteriores una enorme cantidad de aportes al género. También se rememora la calidad de los solistas vocales, Ingebord Reichelet, Marga Hoeffgen, Erwin Wohlfahrty y Heinz Hagenau, así como la intensidad sonora refinada aplicada por esos protagonistas.

Ahora, esta fresca realidad provocó una emoción genuina, por la pureza de estilo obtenido que es, en este caso y a diferencia de los otros oratorios conocidos del mismo creador, más delicada e íntima. Por otra parte, la versión del maestro Russo resultó impecable en el concepto estético, sumando una cabal demostración de haber llevado a cabo un trabajo meticuloso e intenso para transmitir y lograr de su equipo un resultado de muy buena calidad.

Claro que para ello contó con la vital participación del Coro Lagun Onak, magníficamente preparado por su titular, Miguel Angel Pesce, que es una institución que enorgullece la vida musical de Buenos Aires desde el tiempo de su fundación con el padre Luis de Mallea, su director en todo el período inicial de su historia. Excelencia en el sector femenino, que en densidad de sonido superó a un sector masculino algo disminuido en número de coreutas, pero con el grado de disciplina que se le reconoce desde siempre.

Además la versión ofrecida tuvo en los solistas vocales otro punto destacado. La consagrada soprano Soledad de la Rosa reiteró su exquisita y precisa musicalidad, con ese timbre angelical que cautiva y que provoca invariable placer al oyente; la joven contralto Carolina Gauna sumó aplomado desempeño, en especial al ensamblarse con la soprano en los varios y magníficos dúos que contiene Judas Maccabeus ; el barítono Hernán Iturralde dejó escuchar su habitual calidad de timbre y color, así como esa entonación y prestancia en el fraseo adquirida con sus experiencias en teatros de Alemania, y el tenor Santiago Bürgi sumó en su ascendente un muy buen criterio para no exigir a su voz, lo cual es sabio cuando, como en su caso, se es poseedor de un color y timbre de tenor ligero y delicado que es audible aún en los pasajes más tenues.

Y como ya se dijo, Antonio María Russo fue el gran maestro, el que enseña con entrega, el que explica con ardor para formar y legar con generosidad todo lo que atesora una vida de estudio y trabajo, y como todo fue captado por el numeroso público, la ovación del final fue un tributo especialmente a él dedicado, más allá del noble gesto del Coro Lagun Onak, que por medio de algunas de sus coreutas entregaron flores a los protagonistas en medio de una alegría generalizada que no sólo había sido provocada por la buena actuación de todos, sino por la belleza infinita de la obra de Haendel.

Juan Carlos Montero

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Abril 2008

El Maestro Antonio Russo ha sido premiado por la Asociación de Críticos como el Mejor Director de Orquesta del año 2007. La ceremonia de entrega se hará el viernes 25 de abril, en el Teatro Argentino de La Plata, salña Piazzola, a las 18.30 hs. Más información AQUI

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22 de Abril de 2007

La Nación

El más puro bel canto, en Norma

Presentación de Norma , ópera en dos actos de Vincenzo Bellini, con libreto de Felice Romani sobre Norma ou l infanticide , de Louis-Alexandre Soumet, con el Coro (dirección: Sergio Giai) y la Orquesta Estable del Teatro Argentino con la dirección general de Antonio María Russo. Dirección escénica, diseño escenográfico e iluminación, Roberto Oswald; diseño de vestuario, Aníbal Lápiz. Cantantes: María Pía Piscitelli, Carlos Duarte, María Luján Mirabelli, Carlos Esquivel, Pablo Skrt y María Inés Franco. En la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata.

Nuestra opinión: excelente

La apertura de la temporada lírica oficial con un título como Norma constituye sin duda un desafío que pocos teatros líricos se atreven a afrontar a menos que cuenten con los elementos que aseguren un éxito rotundo. La dirección artística del Argentino ha decidido asumirlo, y lo ha hecho con la dignidad del belcantista de la primera mitad del siglo XIX. No es difícil advertir las razones de ello: un plantel de voces más que idóneas, un manejo de la escena que mantiene las líneas del drama lírico sin descuidar la riqueza simbólica de los elementos elegidos para su representación, y una batuta lúcida para sostener la inspiración melódica cifrada en la partitura.

Esta feliz conjunción no sería completa si sus intérpretes no tradujeran los gestos teatrales -evitando excesos, por cierto-, y principalmente el excelente texto dramático de Felice Romani inspirado en Soumet (asequible gracias a la versión traducida en el sobretitulado), con una recitación efectiva, por la que se cuelan las líneas de la tragedia lírica recogida por los admiradores de la antigüedad clásica, como Racine, en el siglo XVII francés.

La concepción escénica ha sobrepasado la idea de que el extraordinario lirismo de Norma lo es todo, confiado principalmente a las voces protagónicas y a la labor de una orquesta que debe allanarse en todo momento a la intencionalidad encerrada en largas frases melódicas con el solo sostén de la orquesta. Sin desmedro de que estos últimos requisitos hayan sido cumplidos hasta el mínimo detalle de la partitura por la Estable, conducida imaginativamente por Antonio María Russo con óptimo rendimiento, la admirable puesta de Roberto Oswald puso de relieve -armónicamente- en cada escena toda la densidad expresiva y la fuerza dramática que potencialmente encierran. Decorados, vestuarios e iluminación fueron concomitantes con estos requisitos.

Desde la místicas implicaciones de la ceremonia druida del comienzo, con el árbol simbólico en el centro de la escena -que entre sus múltiples sentidos encierra el de evolución psicológica y también el de sacrificio- hasta los escenarios despojados del segundo acto, con escalinatas y piedras que presidían arduos cuestionamientos de intenso contenido emocional, todo se conjuga con los caracteres en juego. Primero, y especialmente, el de una protagonista de excepcionales condiciones, aquí en un momento importante en su relevante carrera. María Pía Piscitelli posee no sólo una excelente línea de canto, perfecto manejo de la voz, de noble pureza lírica y rica en matices emocionales -su "casta diva" fue impecable-; añade a ello una admirable presencia escénica.

Las ponderables dotes vocales del tenor Carlos Duarte, su vigor expresivo y dramatismo cobraron nuevamente vigencia, tanto en arduas intervenciones solísticas como en dúos y tríos. Los exigentes requisitos vocales y expresivos de Adalgisa fueron asumidos con solvencia por María Luján Mirabelli, con buen rendimiento vocal y actoral, sin que las notas agudas de su registro -a veces, algo ríspidas- alteraran su desempeño. Fue notable su dramatismo en el dúo con Norma en el acto segundo. Asimismo Carlos Esquivel con buen timbre, fue muy convincente, excepto en la escena inicial pues su voz quedó superada por la orquesta. El coro tuvo gran lucimiento. Pablo Skrt y María Inés Franco, con buena voz, estuvieron a la altura de sus papeles de apoyo.

Héctor Coda

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22 de Abril de 2007

Excelente puesta de "Norma"

"Norma", ópera en dos actos. Libro: Felice Romani. Música: Vincenzo Bellini. Cantantes: María Pía Piscitelli, Carlos Duarte, María Luján Mirabelli, Carlos Esquivel, María Inés Franco y Pablo Skrt. Vestuario: Aníbal Lápiz. Iluminación, escenografía y "régie": Roberto Oswald. Coro (Sergio Giai) y Orquesta Estables del Argentino (Antonio María Russo). En el Argentino de La Plata, el viernes 20.

Siempre bajo la dirección artística del maestro Reinaldo Censabella, a cuyo esfuerzo se debe el armado de una programación integral, el teatro Argentino inauguró el viernes su temporada lírica con una nueva producción de "Norma".

En el podio estuvo Antonio María Russo, quien condujo con magnífico despliegue discursivo y equilibrada interrelación de planos a la esmerada Orquesta Estable del coliseo platense.

Preparado por Sergio Giai, ahora con la asistencia de Florencia Rodríguez Botti, el Coro Estable del Argentino lució atrayente impacto sonoro, afinación, amalgama y rotundidad en sus distintas cuerdas, todas muy bien ensambladas.

A favor de una concepción innovadora, caracterizada por su sobriedad y creativo manejo de las luces, Lápiz diseñó figurines estilizados, de corte clásico, mientras que Oswald montó un esquema con toques de modernidad y ajustado encuadre en el espíritu de la pieza.

HISTORIA GALA

Estrenada en la Scala de Milán en diciembre de 1831 (Giuditta Pasta, Domenico Donzelli, Giulia Grisi), "Norma" está basada en la tragedia homónima de Alexandre Soumet, ambientada en la Galia anterior a Cristo, ocupada por los romanos. La protagonista, sacerdotisa de los druidas, tiene amores ocultos con el procónsul Pollione, quien después de darle dos hijos, la abandona, enamorado de Adalgisa, ministra del templo de Irminsul. En el final, en el paroxismo del furor y de los celos, Norma revela su traición ante el pueblo, y marcha a la hoguera junto con el jefe de los odiados invasores, militarmente vencidos.

En el elenco de solistas vocales de esta versión de "Norma" (título que se dio por primera vez en nuestro país en 1849, y en el Argentino en 1897) participó el tenor Carlos Duarte (Pollione), quien sin perjuicio de su adecuado fraseo, exteriorizó cierta blandura tímbrica en las zonas central y grave, lo que tornó algo monótono su canto.

El bajo Carlos Esquivel (Oroveso) resultó virtualmente inaudible en la gran secuencia inicial, pero se afianzó y su voz se proyectó con cuerpo redondo y consistente en el segundo acto. En cuanto a la mezzo María Luján Mirabelli (Adalgisa) cabe apuntar que mostró una emisión de estructura realmente heterogénea, engolada hacia abajo, apretada hacia arriba casi desde las notas centrales anteriores al pasaje superior, con especiales dificultades en la vocal "i", todo lo cual, obviamente, desmereció su labor.

La figura más destacada de la noche fue la soprano María Pía Piscitelli (Norma). Distinguida por la Asociación de Críticos Musicales como la mejor cantante extranjera de la última temporada, la artista italiana lució óptima técnica, un metal absolutamente parejo (aunque no excesivamente corpulento) y una línea de comunicativa calidad. Bien conocida por nuestro público (estuvo varias veces en el Colón, y también en el Avenida, en Mar del Plata y el año pasado en "Andrea Chenier" en La Plata), su articulación se oyó clara, en tanto que todas sus notas parecieron perfectamente colocadas. Además de ello, tanto en esa depurada plegaria que es "Casta diva", como en el exquisito recitativo-soliloquio "Dormono entrambi" María Pía Piscitelli desenvolvió inflexiones, acentos, gradaciones que formaron un arco de singular belleza emocional.

Carlos Ernesto Ure